Quisiera iniciar pidiéndoles que, por favor, tomen un papel y lápiz y muy honestamente respondan esta pregunta, si la respuesta es más de una opción, que probablemente sí, puedan enumerarlas en orden como vienen a su mente.
¿A qué le temes? ¿Qué te preocupa?
Si me hubieran hecho esta pregunta hace un par de años, de seguro que mi primera respuesta habría sido que un hijo mío o mi esposa mueran. Yo tenía un gran temor que eso sucediera, en mi infancia tuve un hermano que falleció de cáncer cuando él tenía 14 años y yo, 12.
Cuando mi hija mayor se iba acercando a esa edad fue que inició ese temor. Cuando estaba solo, meditando, viajando en carro a San José, que casi nunca ni música pongo, voy en silencio; y si hay presa, algunos días se puede durar hasta dos horas; entonces estos viajes estaban llenos de preocupación, temor, angustia; pensaba: si mis hijos o esposa mueren, ¿qué hago?
Fueron días y semanas complicadas porque me llenaba de un profundo temor, pasaba ansioso y preocupado gran parte del tiempo, yo oraba para que Dios me quitara ese temor, no me gustaba andar así gran parte del día. Tengo muy claro que todos en algún momento podemos morir, veo a diario como la vida de las personas cambia por accidentes, diagnósticos de enfermedades, complicaciones postoperatorias, noticias inesperadas, y en algún momento, esa situación podría ser yo quien la viva.
En ese tiempo estaba leyendo el nuevo testamento, llegué a la carta a los Efesios y quiero compartir con todos ustedes estos versículos.
Efesios 3:16-18 NTV
[16] Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. [17] Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes. [18] Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor.
Fue la mejor respuesta que Dios pudo darme días y semanas después de que yo venía orando por eso: Dios, necesito confiar más en ti, para que habites en mi corazón y pueda echar raíces profundas que me mantengan fuerte.
Yo me sentía débil, preocupado, ansioso, con un gran temor de que mi familia pudiera morir.
Dios me ha permitido tener a los tres bajo el mismo techo, como una familia, y disfrutarlos ya por un poco más de 16 años.
Son una bendición y un gran regalo para mi vida, no debía ser que yo viviera como estaba viviendo de preocupado, ellos debían producir alegría en mí, no eso.
Esos eran parte de mis pensamientos esos días.
Dios tiene el control de absolutamente todo, es el Señor de mi vida.
-Dios, confío en ti y te confío a mi familia – dije un día en oración. Ese día el temor desapareció y les prometo que no ha vuelto ni una vez más.
Ese día orando me dije: no dejaré de orar por ellos, para que Dios me ayude a guiarlos, amarlos y a aprovecharlos mientras tengamos vida. Haré mi mayor esfuerzo por ser la cabeza de hogar que ellos necesitan, no me cansaré de hacerles el bien.
Entrégale a Dios tus temores y preocupaciones, confía en Él por encima de todo.
Efesios 3:17
[17] Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en Él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes.
David Hidalgo González
Ministerio de adolescentes