El Abrazo de Dios, su Misericordia cada mañana

A veces los días se nos hacen un poquito pesados, ¿verdad? Entre las carreras de la mañana, el trabajo, las presas que nunca faltan y las preocupaciones de la casa, es muy fácil sentir que nos quedamos sin energía.

Hoy quería escribirles, para recordar juntos, algo que nos abriga y nos renueva el corazón: la hermosa e infinita misericordia de Dios.

¿Cómo se siente la misericordia?

En palabras sencillas, la misericordia es el amor de Dios actuando a nuestro favor cuando menos lo merecemos. Como seres humanos, todos nos equivocamos. A veces herimos a quienes amamos, tomamos malas decisiones o nos alejamos del Señor. Pero en lugar de señalarnos o darnos la espalda, Él nos mira con ojos de compasión.

La Biblia nos regala esta promesa preciosa en Lamentaciones 3:22-23:

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”

Cada mañana, al ver la luz del sol asomarse sobre nuestra querida Grecia, el Señor nos está regalando un lienzo en blanco. Su misericordia amanece nueva para cada uno de nosotros, lista para darnos una nueva oportunidad de empezar bien.

Un rescate por puro amor

A veces nos engañamos pensando que tenemos que ser perfectos o hacer muchos méritos para que Dios nos escuche. Pero la verdad es que Su amor no depende de nuestras fuerzas. El regalo más grande de compasión que el mundo ha visto, fue cuando Dios envió a Jesús a la cruz por nosotros.

Pablo nos lo explica con una profunda ternura en Efesios 2:4-5:

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).”

Incluso cuando estábamos más lejos de Él, en nuestra mayor necesidad espiritual, Él decidió acercarse. Nos rescató, perdonó nuestras faltas y nos dio el hermoso regalo de llamarnos sus hijos.

Repartiendo gracia a los que nos rodean

Entender cuánto nos ha perdonado el Señor nos cambia por completo. Esta misericordia no es solo para guardarla en el corazón; es para vivirla en el hogar, con nuestros vecinos y con los compañeros de trabajo. Tito 3:5 nos recuerda que Él nos salvó “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”.

Un refugio que nunca falla

La misericordia de Dios es nuestro lugar más seguro. Es saber que, por más difícil que esté la situación, hay unos brazos amorosos listos para sostenernos.

¡Que Dios me los bendiga muchísimo, que Su paz llene sus hogares y que caminen de Su mano toda la semana!

Con mucho aprecio,

Diego Garita

Ministerio de Matrimonios

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