LA FE QUE SE FORTALECE EN LA ORACIÓN

Querida iglesia:

A lo largo de los años, uno aprende muchas cosas de la vida. Algunas se aprenden en momentos de alegría, cuando todo parece ir bien, pero muchas otras se aprenden en los momentos difíciles, cuando enfrentamos problemas, incertidumbre o situaciones que no entendemos. En medio de todo eso, hay dos cosas que Dios nos ha regalado para sostenernos: la fe y la oración.

Cuando somos más jóvenes, muchas veces pensamos que la fe es solo creer en Dios. Y sí, la fe comienza creyendo que Dios existe y que Él tiene poder. Pero con el paso del tiempo uno entiende que la fe es mucho más que eso. La fe es confiar en Dios incluso cuando no vemos el camino claro. Es seguir caminando, aunque no sepamos exactamente cómo se resolverán las cosas.

La Biblia nos enseña que la fe es confiar plenamente en Dios. No se trata solo de palabras, sino de una actitud del corazón. Cuando confiamos en Dios, sabemos que Él está obrando incluso cuando nosotros no podemos verlo.

Pero, también he aprendido algo muy importante: la fe se fortalece a través de la oración. La oración es el lugar donde nuestra fe crece. Es en la oración donde hablamos con Dios, donde abrimos nuestro corazón y donde encontramos dirección para nuestra vida.

La oración no es solamente pedirle cosas a Dios. Muchas veces pensamos que orar significa solamente presentarle nuestras necesidades a Él, pero la oración también es agradecer, escuchar a Dios y buscar su voluntad. Es un momento donde podemos detenernos en medio del ruido de la vida y recordar que hay un Dios que cuida de nosotros.

A lo largo de mi vida he visto cómo Dios responde a la oración de maneras sorprendentes. Algunas veces la respuesta llega rápido. Otras veces toma más tiempo, y en algunas ocasiones, Dios responde de una manera diferente a la que nosotros esperábamos. Pero algo que siempre he aprendido, es que Dios nunca deja de escuchar a sus hijos. Cuando una persona ora con fe, su corazón cambia. Tal vez la situación alrededor no cambie inmediatamente, pero dentro de nosotros algo empieza a transformarse. La preocupación se convierte en paz, la ansiedad en confianza y el miedo en esperanza.

La oración también nos recuerda que no estamos solos. En este mundo muchas veces podemos sentirnos cargados por las responsabilidades, los problemas familiares, el trabajo o las preocupaciones diarias, pero cuando nos acercamos a Dios en oración recordamos que Él camina con nosotros. Por eso es tan importante que como iglesia mantengamos una vida de oración. Una iglesia que ora es una iglesia fuerte. Una iglesia que ora permanece firme aun en medio de las dificultades. Cuando la iglesia ora, Dios obra en medio de Su pueblo.

Debemos orar por nuestras familias, por nuestros hijos, por nuestra iglesia y también por las personas que todavía no conocen a Dios. El mundo necesita hombres y mujeres que crean en el poder de la oración y que tengan fe para confiar en el Señor. Tal vez algunos hoy estén pasando por momentos difíciles. Puede que haya preocupaciones en el corazón o situaciones que parecen no tener solución. Pero hoy quiero recordarles algo: no dejemos de orar y no perdamos la fe.

Dios sigue siendo el mismo. Él sigue escuchando la oración de su pueblo. Él sigue obrando en silencio, aun cuando nosotros no lo vemos.

Sigamos buscando a Dios cada día. Sigamos confiando en sus promesas. Recordemos siempre que la fe y la oración son dos regalos que Dios nos ha dado para caminar firmes en esta vida.

Que Dios bendiga a cada uno de ustedes y que nunca dejemos de acercarnos a Él con un corazón lleno de fe.

Amén.

Con cariño,

Nelson Quirós

Ministerio Teatro Negro

About the Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may also like these

Translate »